miércoles, 18 de febrero de 2009

Castillo de Sintra

Vuelvo a los recuerdos rodados y al seita como protagonista de una de esas aventuras infantiles que quedan en el recuerdo para siempre. Después de la tartana a la familia llegó el Seita, Papi tenía uno y mi padre también se apunto a la revolución del automóvil de aquellos años, fue un boom, era el utilitario por excelencia. Se atrevía con excursiones de fin de semana y viajes por el extranjero. Luego se lo quedó mi madre, lo recuerdo llevándonos al campo, al Camino del Águila y en verano a la playa.
Esta aventura fue un viajecito a Portugal, en el recorrido turístico fuimos a visitar el castillo de Sintra, por una carretera empinada y con curvas había que subir hasta el alto de la montaña. A la mitad empezamos a oler a tostadas y al poco nos parecía que las tostadas se estaban quemando. Cuando llegamos a las puertas de las murallas, el capo echaba humo y descubrimos donde estaba el tostador. Hubo que llamar a un taller, vino la grúa y cuando el mecánico daba explicaciones señalaba el nivel de aceite y decía en portoguespanis: "Aguya encarnada, Aguya encarnada"... De esa bajamos hablando idiomas, cuando nos llamaban contestábamos: ¡Una momenta, una momenta! Desde entonces no reímos recordándolo.

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