Cuando estuvimos en Valderredible hicimos una visita al Observatorio Astronómico. Situado en un lugar estratégico donde casi se toca las estrellas, ese día había nubes porque llovía en toda España, pero normalmente allí el cielo despejado es como una bóveda del firmamento.
Las actividades las realizan la agrupación astronómica de Cantabria, a los que yo acudí hace años con mi telescopio para que me iniciaran, allí estaba precisamente quien me lo calibro y dejó a punto. La visita al observatorio, con tiempo y las explicaciones de personas tan estudiosas como ellos, seguro que sobrecoge ante la inmensidad del universo.

Subimos a la cúpula y, entre nube y nube, observamos el sol, parecía el infierno... Habrá que ir alguna noche de verano, cuando allí las estrellas se ven correr por el cielo, es impresionante la cantidad que hay allí. A lo mejor se puede llegar a ver el pequeño planeta del Principito...


Este es mi telescopio, el que me puso a punto el astrónomo y un regalo de mi hermano Juan. Me gusta ver la luna, aunque aquí una de las cosas que más echo de menos es el cielo estrellado, siempre condicionada por los nubarrones y la capota gris. A veces también miro las montañas de enfrente, alternativa para darle uso y observar la naturaleza con detalle.





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